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Siglo XVII

 

En este siglo Marchamalo continuaba siendo aldea de la "muy noble y leal Ciudad de Guadalajara", título que le concedió en el año 1460 el rey Enrique IV. La aldea de Marchamalo estaba sometida a la jurisdicción de la ciudad, debiendo sus vecinos acudir a ella para resolver pleitos y documentos. Así permaneció hasta el año 1627, que se eximió de Guadalajara convirtiéndose en Villa, dentro del régimen de realengo, es decir, solamente sometida a la voluntad Real. 

Durante el reinado de Felipe IV se promulgó una Provisión Real, "la corona necesita obtener dinero para acudir a cosas precisas de su real servicio y necesidades que se le han ofrecido para la defensa y sustentación de su reino". Para ello se dispuso a poner en venta hasta 17.500 vasallos de las villas y lugares de realengo, por lo tanto, pertenecientes al Rey. La Ciudad de Guadalajara se opuso a la venta de sus aldeas, y especialmente la de Marchamalo, con la que mantenía una relación especial, en gran medida por los numerosos bienes, fincas y censos hipotecarios que poseían los nobles y conventos radicados en la ciudad.

La voluntad de la corona era firme, y mediante Real Cédula, dispuso que dichos lugares se vendiesen "sin embargo, de provilegios y condiciones de villones, exenciones e mercedes, que las Ciudades, Villas y lugares tengan e se vendan los vasallos del Rey no acordó su Magestad vendiese" (Reunión del Concejo de Guadalajara el 29 de abril de 1626). A los vecinos de Marchamalo no les quedó más remedio que ser dueños de su propio destino y decidieron comprarse a sí mismos para no caer en manos de señoríos o particulares.  

El esfuerzo y sacrificio para conseguir que Marchamalo fuese Villa de por sí, con jurisdicción propia, estuvo redeado de una gran polémica sobre la mojonera y deslinde de términos respecto a Guadalajara. Los censos o hipotecas tomados por la nueva villa vendrían a suponer un capital difícil de amortizar por las condiciones leoninas que se habían impuesto, fijando la posibilidad de elegir entre la superficie del término con un precio por legua de 5.600 ducados o por el número de vecinos a razón de 15.000 maravedíes por cada uno. La Corona eligió el precio correspondiente a los vecinos, por ser su importe mayor que el fijado por el término.

 

La venta de la aldea de Marchamalo y su título de Villa

Según los documentos de la época, la conversión de Marchamalo en Villa finalmente acabó siendo una transacción comercial entre los vecinos, que compraron su intependencia jurídica, y la Corona: "En la Villa de Madrid a dos días del mes de septiembre de 1626 ante mi el escribano y testigos yuso escritos, parecieron presentes Octavio Centurión, Carlos Estrata, Vicencio Scuarzáfigo de una parte... de la otra, el licenciado Miguel Calvo, clérigo presbítero, en nombre del lugar de Marchamalo".

"Su Majestad como Rey y señor natural de estos reynos, en la mejor forma y manera que puede, haya de hacer y haga merced al dicho lugar de Marchamalo a título de venta por causa honerosa de eximirle y apartarle de la dicha Ciudad de Guadalajara y de su jurisdicción haciéndole Villa de por sí y sobre sí, y que tenga jurisdicción civil y criminal, alta, baja, mero mixto imperio, nombrándose e titulándose Villa de por sí y sobre sí, a fin de que aquí en adelante, para siempre jamás, la dicha Ciudad de Guadajara y la justicia de ella ni de otras partes puedan conocer ni conzcan de cosa alguna tocante a la dicha jurisdicción, con el sñorío y vasallaje, penas de cámara y de sangra, calumnias, mostrencos y escribanías, y con todas las demás rentas jurisdiccionales del señorío y vasallaje, y jurisdicción del dicho lugar de Marchamalo anexas y pertenecientes en cualquier manera desde la hoja del monte hasta la piedra del río y viceversa, según y competer pueden en el dicho lugar de Marchamalo y su término..."

"Y por Real Cédula del 15 de enero de 1626 para la venta de los dichos vasallos y por el precio en que su Majestad ha permitido se vendan, que es por vasallos a 15.000 maravedís por cada vecino por serlo de dicho lugar de Marchamalo, de los del Tajo acá, o por término, a razón de 5.600 ducados a 375 maravedíes cada ducado por legua. Lo uno o lo otro a elección de su Majestad". 

"El dicho lugar tendrá 200 vecinos y tres cuartos de legua de término, según dice el dicho licenciado Miguel Calvo".

 


     

Reunión del Concejo de Marchamalo

Por otro lado, el Concejo de Marchamalo, compuesto por los vecinos del lugar, también deberá aprobar la compra y adquisición del título de villazgo, como también se acredita en otros escritos: "En el lugar de Marchamalo, jurisdicción de la CIudad de Guadalajara, a 8 días dle mes de septiembre de 1626, este día ante mi el presente escribano y testigos parecieron presentes a campana tañída, como lo han de uso y costumbre a tratar de las cosas tocantes a servicio de Dios nuestro señor y de su majestad y bien público de él, y en la Plaza Pública de dicho lugar, especialmente, Juan de Oñoro y Alonso de Yusta, Alcaldes, y Miguel de Robledillo y Alonso de Yusta "El Mozo", y Francisco de Oñoro, regidores, y Baltasar Calvo y Juan Ablanque, diputados del concejo de dicho lugar, todos vecinos de este dicho lugar, que hacen el número de 50 que con ellos y 75 vecinos que otorgaron el poder al licenciado Miguel Calvo, presbítero, comisario del Santo Oficio, vecino de dicho lugar y del villazgo el cual poder pasó ante mi, el presente escribano, en este mes de agosto de 1626".

El 31 de enero de 1627 se dio comisión al licenciado Juan Moreno para que diese a dicho lugar de Marchamalo la posesión de su jurisdicción, señorío y vasallaje y haga averiguación de la vecindad.

 

Rollo o Picota de Marchamalo 

El 8 de febrero de 1627, después de haber ajustado y entregado la suma de 347.250 maravedíes en plata, el Juez de Comisión, junto a las autoridades y vecinos, se reunieron en forma de Concejo Solomne en los pórticos de la lonja de la Iglesia de la Santa Cruz y oyeron la Cédula Real de su independencia. 

Sin perder día comenzaron los autos sobre la posesión, nombramiento de justicias, escribano y carcelero, visitando las propiedades municipales, Casa Consistorial, taberna, carnicería, tercia, mesones y cárcel. Se da la posesión con todas las rentas, penas de cámara, de sangre y calumnias, penas de cárcel y cuchillo, portazgo y demás escribanías anejas a dicha jurisdicción, con los mojones y linderos que se habían fijado. Para administrar justicia dispondrán de un rollo que Marchamalo construirá a la entrada de la Villa por arriba (al norte, hacia Fontanar) y una horca a la salida, a la parte de abajo (hacia el sur y Cabanillas), ambas en el Camino Real de Aragón y Navarra o Cañada Galiana.

El rollo o picota fue instalado en las eras de la Vera Cruz, hacia la puerta Marquina, junto al Camino Real de Aragón. En las eras de la Vera Cruz se construiría años más tarde la Ermita de la Soledad. La puerta Marquina, era un paraje donde comenzaba la senda a las balsas y lindero al camino de Usanos, que pasaba por delante de la ermita. El Camino Real, también Cañada Galiana (vereda), cruzaba el término de Marchamalo y el núcleo urbano en dirección a Alcalá de Henares. El citado rollo jurisdiccional es símbolo de Marchamalo y uno de los pocos de su clase que permanecen en la provincia de Guadalajara, encontrándose dentro del cementerio, que fue construido en el año 1807.

La horca sería el símbolo de ejecución de justicia, formada por unos palos junto al paraje de Valquemado y San Miguel, en una elevación del terreno que se constata en el siglo XVIII cuando su propietario, en las declaraciones del Catastro de Ensenada, la describe como lindero al solano del Camino Real de Aragón hacia Alcalá de Henares. Se establecía que nadie osara derribarla sopena de perder vida y hacienda.

La Villa tuvo que someterse pasados los años al no poder soportar la pesada carga que suponía el débito contraido con la Hacienda Real, por lo que pasó a convertirse en Villa de Señorío. Por ello Marchamalo tuvo otra picota que se erigió en la Plaza Mayor, cercana al Banco de la Paciencia, la fragua municipal y al arroyo del Val, también junto al Camino Real. Así se describe en las respuestas dadas al Catastro del Marqués de la Ensenada en 1750, por el herrero Antonio Alburquerque.

La mojonera llevada a cabo en 1627 para el deslinde de términos estuvo envuelta en numerosos pleitos, al no estar de acuerdo con la colocación de los mojones que separaban los distintos parajes entre los términos de Guadajara y Marchamalo. Todo ello duró hasta 1691, todo un siglo entre pleitos y alegaciones. De dichos mojones se conservan dos, de piedra caliza, con una "M" esculpida en relación a Marchamalo. Correspondían a los parajes de la Regalada y las Marquinas, actualmente en el Polígono del Henares. Ambos se han colocado junto a un olivo en la Plaza Mayor.